5.8.09

sinécdoque

a Juan Nicolás, que un día se vino a instalar entre el mundo y mis ojos

no eran dóciles los griegos
he visto encabritarse a Lisipo y Skopas
porque en piras hice arder
sus manuales predilectos
con cálculos probados
abundando en lo simétrico y exacto

será resquemor lo de ellos
que en su lecho no habrán visto
a pata ancha y sin recato
abrazándose a la espalda
una belleza tal que su fragancia
queda
persiste en mí sin dejar hiatos

y se lleva mis lentes
por los suyos
si quisiera repatriarse
bienvenido fuera
por tener con sus emociones
línea directa
y llorar como yo
ante cualquier eventualidad
por apacentar a mis sábanas
encandilándolas
y escarbar conmigo para dejar a salvo en ellas
su ropa íntima
que luego olvida
dejando su efigie acá


(SINÉCDOQUE: (Del lat. synecdŏche, y este del gr. συνεκδοχή, de συνεκδέχεσθαι, recibir juntamente).

1. f. Ret. Tropo que consiste en extender, restringir o alterar de algún modo la significación de las palabras, para designar un todo con el nombre de una de sus partes, o viceversa; un género con el de una especie, o al contrario; una cosa con el de la materia de que está formada, etc.

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