15.4.08

impetraciones

I
un frio dócil

al que pueda explicarle
que vuelves
cada tanto

II
morder los labios
hasta quitarles tus sabores
esenciales

perteneces a mi boca
como humedad necesaria

III

hacerle cuerpo a mi
felicidad
no hay derecho
a esa soltura
con que lo hacés

a la ternura
le nacimos dos cuerpos
mantenidos con avidez

6 comentarios:

sergio dijo...

seguramente el frío entenderá esas cosas... el frío siempre entiende esas cosas....

pero ¿las entenderemos nosotros? ¿seremos, después de un tiempo, tan dóciles como el frío?

Anónimo dijo...

Axioma: verdad evidente que no requiere demostración.

Anónimo dijo...

Muy temprano, con humo, sin humo, muy tarde, de día, de noche, con lluvía, con sol... Siempre siento esto mismo!!

po(br)esía dijo...

Sergio
(escribirte es casi una introspección, homónimo)

Qué difícil es la docilidad. Yo que pretendo una docilidad dúctil, ser para el otro la tentación del reposo, tanto más. Estoy con un entrenamiento pautado que aconseja pedir menos cada vez, y escribir más. Curiosamente, esa proporcionalidad inversa parece ser la clave. Así es que el Indio Solari puede pedirle a la vida que no le duela tanto -se me ocurre- y componer sus discos. O será esto lo que me mantiene (temporalmente) al margen del analista, pero no gano en docilidad. Cualquiera de las dos cosas dan provecho, igual.



Anónimo: A la ternura le nacimos dos cuerpos. Ese es nuestro rinde.

Besos discretos a los dos, matemáticamente hablando.

s | p

Anónimo dijo...

Dicen que las II partes nunca son buenas... Entonces las III serían desastrozas!!!.... Por suerte siempre hay excepciones a la regla.

Fluir dijo...

por suerte no?

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promiscuo es el Señor, yo sólo soy un instrumento de su gracia