2.4.07

Invitados de Honor

porque podría decir que
tengo más que muchas terminales sensitivas
o almas
o amigos

(igual, no son tantos como los de Roberto Carlos)

> en esta sección escriben ellos

psicopatía
MAURO CAMBRONERO (embraga en las vocales el cordobés, pero lo quiero)



Refugio buscado
construido
logrado
asegurado,

deserción
de la vida,
dolor borrado
evitado
ocultado
sabor degustado
esperado
lugar acomodado

dilución programada
violenta dispersión
perversa negación
querida
inesperada.

Darte cuenta.

Realidad
cruda
enfrentada
olvidada.

Derrumbe

Necesaria
caída
de la nada
al ser.

Alegría.

Tragedia.

Quedarte absorto
indeciso
inmóvil
temeroso
y el miedo…
y el miedo…
y el miedo…

empatía
FERNANDO KOSIAK (si no fuese otra persona podríamos haber sido yo)

¿Qué marineros son putos?

Míralos bajar de su embarcación.

Jóvenes,
grandes,
portando brazos de acero
los cuales a su vez portan
anclas aceradas,
inscriptas en la piel bronceada.

¿Cuáles son los putos?

¿Aquellos que sacuden sus birretes
mientras acuden en bandada
hasta el prostíbulo,
pidiendo una pieza
en la cual encerrarse,
con una mujer o sin ella,
cambiando las paredes del barco
por estas de ladrillo y concreto?

¿Son aquellos que se zampan las primeras delicias,
los manjares que los más decadentes puestos callejeros
les ofrecen como si de golosinas se tratasen?

¿Son los que piropean quinceañeras?

¿Son los que se embriagan entre blancos brazos pares?

No.

Son aquellos que se alejan cabizbajos de la nave.

Son aquellos que caminan más allá de la mirada.

Son aquellos que buscan placitas con remansos
en las cuales esperar a ese otro marinero aliado,
y disfrutar del viento y los olores que las calles traen.

Son aquellos que buscan lugares íntimos
en los cuales poder agarrarse de la mano.

Son aquellos que no se preocupan, ávidos, por el sexo,
ya que han estado cogiendo sin parar
en las altas horas de alta mar.

insoportablesía
MARIA CECILIA MOSCOVICH (a la realidad le duelen tus ojos, por eso te quiero)

Memoria de Tarifa

En la arena, dormida, está Tarifa.
El tiempo vaga sobre ella
igual que el viento.
El viento viene del mar;
el tiempo también.
Enfrente, clara como mi recuerdo,
brilla África como un continente frío.

El mar es una superficie que baila
con todo el silencio del mundo.

El corazón de Tarifa es una ciudad vacía
Un laberinto blanco de sombra y eco.
Por sus calles de piedra,
en las que penden negros balcones mudos,
todavía andan mis pasos,
los escucho de noche,
entre mis latidos.

De algún modo,
aún no he vuelto de Tarifa.
Me he quedado allí,
abandonada.







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Santa Fe, Santa Fe, Argentina
promiscuo es el Señor, yo sólo soy un instrumento de su gracia