29.3.07

parusía

odas a los presos

oda al preso de Raquel

Anhelo verte llegar
sucio de tantas ganas
poseso como un preso
-quince años dentro-
y decidido a liberarlas
en pocas pero contundentes estocadas.

La calle recobrará sabor a
todo lo que me deje hacer
tu sexo dormitando.
Que habrá de hibernar en mi cavidad
inmenso, sobrante y ajeno
impasible ante músculos que no comando.

No tendrá lírica esta oda
porque confundirás tu libertad
con mi genuflexión
y un Oh! al recitarla
podría reincorporar al absorto
para continuar esa sonoridad de la que no saldré ilesa.

Tantas cosas habrás aprendido para ese entonces
que podrías adoctrinar a tus amigos que vuelven a festejarte
mintiéndoles con que sólo observaste como antropólogo demodé
mientras me sonríes porque entiendes
que la verdad está en tus sueños
y en los actos fallidos que veré.


Preso de la vecina

Lo recuerda sentado en la vereda
incorporado a su Noblex Carina
para putear el partido a distancia.
Echando humo en su Ford-1100
ante nosotros que observamos
-remordiéndonos-
como ella, pie en el escalón del mionca,
le ofrece entero su bajovientre con la pupera.

Ojála viniera, entre dos suspiros, confiesa.
Y aunque después dude si para siempre
o hasta sus ganas,
ella
tiene miedo que al final,
por reclamar ser la única,
a la inversión en el fijador de cabello
y la bijouterie de plata imitación
las desperdicie un balazo.

Advocación del preso

Nadie debiera saber
que para abjurar la soledad
eliges el programa que “trae suerte”,
cuando almuerzas
ante el televisor de pantalla plana.
Y sufres como el comensal
ante la pregunta capciosa de Mirtha.

Ni que duermes al borde y de costado
haciendo un espacio
al que no está
en la cama de roble lustrado,
imponente,
que sin él nunca habrías tenido.

Despiertas a la zaga del gallo electrónico
angustiada ya que ninguno
que no sabe respirar
babea tu almohada
(Almohada que era de ambos,
ahora nada más entero a tu propiedad)

Que sigues comprando dos cepillos de dientes.
Que humedeces dos toallas.
Que redoblas la ración, mientras piensas:
Adentro, la grasa del guiso, habrá de engordarlo.
Y con menos destreza se hará imposible renovar el plantel de artefactos eléctricos.




1 comentario:

Anónimo dijo...

yo sé quién es la musa inspiradora
yo sé
yo sé

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promiscuo es el Señor, yo sólo soy un instrumento de su gracia