30.3.07

osadía

investigaciones con dulce de leche

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Puede que el candor
sea esa parte de la poesía
que nunca me sale.
Cuando crepitan pestañas,
o me acaricias el sexo
pero sin que yo lo diga con esa liviandad,
sino diciendo que mi dermis puede ser extensión de tu alegría.

parte primera: obtención de los materiales

Esa mañana se vistió holgada
y en el camino notó
que generaba rítmica por sus solturas.
La lista de necesidades era enorme
a juzgar por sus ganas de pasear las góndolas.
De aquel volumen de vacuidades,
subrayadas por el algodón,
se pusieron al corriente dos ojos voraces.

Posando su mano sobre el pote plástico
la humedad de otra mano de volumen mayor
la retrotrajo a vaya saber.
Ambos decidimos al mismo momento, el mismo pote.

Las circunstancias se resuelven en forma obvia,
la mayoría de las veces.

Detrás de esas manos habitaban
dos tías ex – alumnas del Calvario,
un pasado boy y girl scout,
el mismo atontarse frente a la hoja que está pasando ahí
y que instante antes estuvo aquí, sobre el pie,
y cerró los ojos para el cosquilleo,
cuya sensación se parece al instante en que la pluma
deposita la punta y recorre
transformándose la zona afectada en una almohadilla de costurera.

El dulce está en la bolsa.
Entre las manos la primera comunión de sudores,
para después de otra mirada la confirmación
que allane el camino
hacia todos los demás sacramentos.


parte segunda: afrenta de cavidades

Los incisivos, cortan.
Los caninos, desgarran.
Los premolares y molares, trituran.
Entre todos te desmenuzan.

Llegado el caso de que
sólo ingiriendo dulce de leche pudiera vivir,
nada más necesitaría de mis dientes
para que sirvan de frontón
sobre el cual se expanda el producto lácteo,
colándose entre ellos,
al estar empujándolo con la lengua.
Con la fuerza exacta para que
la sensación que comience en la encía
corra resuelta y con certeza hacia el hipotálamo.

El pulgar puede tocar al resto,
y ayudarse con ellos.
El índice, más hábil todavía,
decide con cuáles de ellos se queda.
Tienes destreza en los dedos
gracias a esa impronta generacional
que hizo que vos y tus amigas
debieran (necesariamente)
aprender a tocar la flauta dulce.


tercera parte: incorporaciones

La última vez trajo cuchillos.

No lo vayas a poner así
sin untar
que el frío acompasa el espasmo,
pero antes, todo lo que lo anticipa,
hace agua
-dijo.

La Revolución te ha de encontrar armada
apostada en tu cama
donde librarás guerras de guerrilla
con vietnamitas
angoleños
y el vecino infradotado.
Sin distinción de sexo, raza y edad
-pensé.

Qué te conmueve más,
saber que sólo de vos,
al acecho de mis partes pudendas,
depende mi continuidad
o la seguridad de que podés errar la caída
y ponerle punto final al cuento
-interrogué.

Hizo mutis por el foro;
le conmueve que ninguno lo sepa.

*

La toalla mojada
lo que pierde en ligereza
lo gana en precisión,
en efecto.

Memorable será la sorpresa
de tu toalla húmeda
llegando en intervalos imprevisibles.
Yo atado debajo
sin saber cuándo debo defenderme
o cuándo levantar el torso
para acompañar el trayecto de la toalla
antes de llegar al lomo,
y así aminorar el dolor.

*

Probamos a enganchar alfileres con el pellejo
y los apliques te quedan armónicos.
Junto a los tapones de los botines,
bien lustrados,
hacen compossé para la foto.


interludio I

Ella habita un mundo triádico:
A su cama sólo se suben tres unidades apilables como máximo,
si no es día festivo.
Ella, el otro y sus aparatos.
Los aparatos, ella y el gato.
El gato, ella y el otro.
Ella, el gato y sus garras.
El otro, su gato y los aparatos.

Los aparatos y ella, que duerme soñando otras combinaciones.


cuarta parte: fluidos

De tenerla, la tomaría entre mis manos
y haría como cuando tenía cinco
y deshacía paciencias por tener un helado:
La chuparía con la misma fruición.
Diferente del caso del helado sería que ahora,
como no sucedía con las camisas tipo marinero,
a las sábanas las lavo yo.

Y en nada se asemeja a un helado de agua tu eclosión.


quinta parte: el campo de lo erótico

Flexión y las rodillas
antes de la palma de la mano,
para luego los glúteos
y la primera composición ya está lista.
Acompaña mi pie el itinerario de otra pierna
hasta que el maléolo externo se corresponda con el condillo interno del fémur,
de manera que si muevo en círculos
resulta la fricción propia de lo cóncavo y lo convexo.

El movimiento originará calor,
que cesará ni bien encuentres el punto exacto
sin dejar de propagarse en otras formas.

Un balanceo sobre los isquiones
y la fuerza comandada desde tu zona supra-pélvica
es el comienzo de un ir hacia atrás
apoyando lentamente la zona lumbar,
como escala anterior a la cervical,
en un ir sostenido y sin sobresaltos.
Eres accesible a la energía que anhelabas,
un canal abierto al universo vibracional.

No obstante, esto no es erótico.
Es meditación.


interludio II

No me importa que te ausentes
porque podría reconstruirte cada parte
con el back up que tengo en mis papilas gustativas.


colofón

Poco cambió desde que los romanos
se encantaran mirando
el encendido espectáculo de los cristianos y el león,
mientras fornicaban.
Estoy mirando imágenes de la guerra
mientras como dulce de leche junto a Mors
que se mudó a casa, y renta mi pieza.


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Santa Fe, Santa Fe, Argentina
promiscuo es el Señor, yo sólo soy un instrumento de su gracia